
Al mundo, como masa, no le gustan las personas sonrientes. Algo esconden, o la fórmula para vivir feliz entre personas infelices o su propio sufrimiento. El mundo desconfía tanto de una persona sonriente que cada vez que aparece una en frente la llevan a la plancha de taxidermia, y le someten a una intensa serie de experimentos intentando sacarle la estúpida sonrisa de la cara. La masa desea homologar al sonriente.
Nadie puede ser tan feliz, es el argumento.
La gente, como las sociedades, necesita drama, tragedia para evolucionar, para crecer... y quizá por eso es molesta para la masa una persona sonriente, porque como mencionaba, parece haber encontrado la respuesta, o fingir que la tiene. La masa desea conectar al sonriente con su tristeza, porque todos tenemos tristezas.
Dedico este post a esa pelea, con un libro que debe tener espacio en una de tus repisas o en tu librero. Escrito por Michael Rosen, ilustrado por Quentin Blake; El Libro Triste.


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